domingo, 18 de enero de 2009

Vuelvo a la tierna edad de los piojos.

Subiendo a mano izquierda.
Recuperando el pulso habitual.
Ochenta pulsaciones más o menos.
Escudándome en los huecos que me deja la ley.
Cuanto vacío legal entre nosotros,
cuánto escalón inútil en mi ascenso,
cuánta baldosa rota,
cuánto cabrón,amor,
y cuántas tortas.

Se me ponen los ojos vidriosos,
los pelos como escarpia.
Esperando en los límites de la ciudad,
a ver a quién engaño,
a quién convenzo de esto y de lo otro.

Limitando con Potugal al Oeste,
con Francia al Norte.
Subiendo a mano izquierda.
El hombre de la casa patalea.
Se le hace bola el estofado.
Se hace pequeño el hombre,
y yo con él.

3 comentarios:

Alter ego dijo...

Rodéate siempre de hombres que te inviten a subir a su decrecimiento pero no te quedes madre.

Abaddon dijo...

Las cosas no están donde se buscan, sino donde se encuentran...

Llegué y aquí me quedo, al menos pasaré seguido...

Mis felicitaciones...

Saludos..

Antífona dijo...

ES UN CUARTO ATIPICO,DESAFORADO, PARA UNA RECIÉN LLEGADA, EN FIN, LINDO LUGAR PARA RECREARSE
MIL AUGURES LA RECREEN, FELICITACIONES

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